Biocombustibles: Mitos y realidades
Por Víctor Bronstein
Profesor e investigador, UBA
Cuando miramos al mundo, su desarrollo, su crecimiento, sus avances tecnológicos, sus procesos de integración y sus conflictos tenemos que reconocer que toda esta dinámica está sustentada en la energía barata y versátil proveniente del petróleo. La energía que alimenta la industria y que mueve el transporte, nuestros automóviles, los aviones, los barcos, es derivada de los hidrocarburos. La energía que ilumina nuestras casas y que genera la electricidad que alimenta nuestras computadoras y nuestros elementos de confort es principalmente proveniente de los hidrocarburos.
Todos los plásticos que nos rodean en miles de objetos cotidianos derivan de los hidrocarburos.
La producción mundial de alimentos que permite alimentar a más de 6.400 millones de personas se basa en fertilizantes hechos a base de hidrocarburos y fumigados con pesticidas fabricados también a base de hidrocarburos.¿Podemos imaginarnos un mundo sin petróleo, sobrevivirá nuestra civilización cuando el petróleo comience a escasear? ¿Existen formas alternativas de energía? Estas preguntas obligan a encontrar respuestas que nos tranquilicen y en esta búsqueda, los biocombustibles comienzan a promocionarse como una opción posible ante el inevitable agotamiento del petróleo. Sin embargo, los biocombustibles parecen ser más un negocio para algunos beneficiarios de este mercado que una solución al problema energético. En esta nota analizamos algunos mitos y realidades de este discutido
Recientemente, George W. Bush realizó una gira por Latinoamérica, haciendo una escala importante en Brasil donde firmó acuerdos con el presidente Lula sobre la creación de un mercado de biocombustibles. Los EE.UU. y Brasil son los dos grandes productores mundiales de esta nueva fuente energética, hasta tal punto, que entre los dos países se reparten más del 90% de la producción mundial.
Estos acuerdos instalaron en la región la discusión sobre los biocombustibles y su importancia como recurso energético. En Argentina, por ejemplo, el mencionado acuerdo generó muchas expectativas, apoyadas con desmesurado entusiasmo por los lobbystas del sector agropecuario, publicitando la viabilidad de esta fuente energética como la solución milagrosa para resolver los problemas ambientales y de desarrollo mundial.
Para entender la importancia que le asignan los EE.UU. a la cuestión de los biocombustibles y el rol de Latinoamérica en esta estrategia, debemos recordar que el mundo actual, con su gran desarrollo económico y su proceso de globalización, está sustentado sobre la energía barata y abundante. La distribución del consumo energético marca de manera contundente las características y desigualdades de nuestro planeta. EE.UU. tiene sólo el 4,7% de la población mundial pero consume casi el 30% de la energía. Cada habitante de EE.UU. consume más del doble de energía que uno europeo y diez veces el de un latinoamericano. El “American way of life” para todos multiplicaría cinco veces el consumo energético actual. Si sumamos la Europa de los 15, Japón y Canadá, tenemos que poco más del 12% de la población concentra más de la mitad del consumo energético.
Este extraordinario consumo de energía sólo es posible a partir de la disponibilidad de combustibles fósiles no renovables (carbón, petróleo y gas) que tienen características energéticas únicas. En los últimos años los combustibles fósiles han representado el 80% del total de la energía primaria consumida en el mundo. Si bien el petróleo aporta “sólo” el 40% a esta cifra, debemos tener en cuenta que el 90% del transporte depende del petróleo, de ahí su importancia estratégica fundamental.
Todavía el mundo no se encuentra en una situación de peligro en cuanto al agotamiento inminente del petróleo, pero ya existen síntomas del problema que se avecina. Según las estimaciones de British Petroleum queda petróleo para un poco más de 40 años y, además, las estadísticas mundiales nos muestran que en los últimos 30 años se ha encontrado menos petróleo del que se ha consumido. La conclusión lógica e inevitable de esto es que vamos hacia una disminución del suministro de petróleo y que, por primera vez en la historia, la oferta de petróleo va a tener dificultades para abastecer al crecimiento del consumo.
En este contexto de inseguridad energética, el sistema político y económico actual, sustentado sobre las expectativas de una economía en permanente crecimiento, necesita plantear soluciones alternativas a los hidrocarburos, aunque a veces éstas sean más expresiones de deseos que realidades. Una situación análoga ocurrió después de la primera crisis petrolera de 1973. En aquella época, el programa que alentaba la ilusión de un futuro sin problemas energéticos y sin dependencia fue el Programa de Hidrógeno desarrollado por el Department of Energy (DOE) de los EE.UU. En 1974 el presidente Nixon lo anunció como el Proyecto Independencia afirmando: “Asumamos nuestro objetivo nacional, en el espíritu del Proyecto Apolo y con la determinación del Proyecto Manhattan, que para el fin de esta época (1990) nosotros habremos desarrollado nuevas formas de energía para no depender de ninguna fuente energética extranjera”. Hoy, treinta años después, el hidrógeno sigue siendo sólo un proyecto. En 1979, en el marco de otra crisis petrolera, el presidente Carter hizo un llamado a un “acuerdo nacional para la energía solar”, con el objetivo de que para el año 2000 el 20% de la energía de EE.UU. fuera generada por algún tipo de energía solar. Hoy la energía solar representa apenas el 0,5 % de la energía total generada. Más allá de estos proyectos inconclusos y después de muchos miles de millones gastados, la realidad nos dice que actualmente EE.UU. es el primer importador mundial de energía y altamente dependiente del petróleo extranjero. Por eso el presidente Bush en su último mensaje sobre el “State of the Union”, intenta mostrar, ¡una vez más!, una alternativa para superar la “adicción al petróleo” como él mismo definió a uno de los problemas más graves del país.
Nos plantea, entonces, una nueva ilusión que involucra directamente a los países latinoamericanos, ya que es donde están las reservas de tierra cultivables: la utilización de los biocombustibles como la solución “verde” para salir de la dependencia energética del petróleo. Los promotores de los biocombustibles nos dicen que es una fuente energética renovable, no contaminante, que disminuye las emisiones de dióxido de carbono y que además nos libera de la dependencia energética de los países de la OPEP.
Pero la realidad nos dice otra cosa:
- No es cierto que los biocombustibles sean una funte de energía renovable y eterna. Los biocombustibles son una forma de aprovechamiento de la energía solar a través del proceso de fotosíntesis, esto hace suponer que es una fuente inagotable de energía. Sin embargo, el factor limitante en el crecimiento de las plantas no es la energía solar sino la disponibilidad de agua y las condiciones apropiadas del suelo. Si no fuera así, produciríamos maíz o caña de azúcar en el desierto de Sahara. Los efectos sobre la agricultura de los programas a gran escala de los biocombustibles van a ser devastadores.
- No es cierto que no contaminan. Si bien el etanol produce menos emisiones de carbono, el proceso de obtención del bioetanol es altamente contaminante. Contamina la superficie y el agua con nitratos, herbicidas, pesticidas y deshechos y el aire con aldehídos y alcoholes que son cancerigenos.
- No es cierto que nos liberan de la dependencia de los combustibles fósiles. La producción de etanol sólo puede reemplazar un pequeño porcentaje del consumo mundial. En Brasil, el presidente Bush habló de generar un mercado mundial para el bioetanol, pero la producción de Brasil sólo representa menos del 3% de los 680 mil millones de litros por año de naftas y gasoil que consume EE.UU.
- La energía neta (EROEI) es apenas positiva o incluso negativa. Para producir el bioetanol es necesario utilizar energía: para fertilizantes, sembrar, fumigar y cosechar. También para el transporte, y el procesamiento de los granos o de la caña de azúcar. Cuando se hace el balance energético, la energía neta obtenida es muy baja, e incluso en algunos casos se gasta más energía de la que se obtiene.
En las condiciones actuales, la producción de biocombustibles a gran escala es una nueva falacia que provocará aumento en los precios de los alimentos, disminuirá la fertilidad de los suelos y no solucionará el problema energético mundial que se avecina provocado por el alto consumo energético de los países desarrollados y la incorporación de China e India a la civilización industrial.
Economía y Energía
En general, los economistas tienden a simplificar la problemática energética a cuestiones de mercado, inversiones y tecnología. Pareciera ser que no conocen los principios de la termodinámica y descreen de las leyes de la naturaleza y de nuestra dependencia de los recursos naturales
Robert Solow, Premio Nobel de Economía por sus teorías sobre el crecimiento, aseguró que, llegado el caso, “el mundo podría, en efecto, arreglárselas sin recursos naturales”. Cuesta imaginarse la vida y la sociedad en un mundo sin aire, sin agua y sin energía. Milton Friedman, también Premio Nobel y padre de la liberal Escuela de Chicago, sostuvo en un reportaje: “...Supongamos que el petróleo escaseara: el precio subiría y la gente comenzaría a usar otras fuentes de energía. En un sistema adecuado de precios, el mercado puede hacerse cargo del problema.” Pero obviamente, Friedman no se preocupó por definir cuáles son esas fuentes de energía. Es el pensamiento mágico de muchos economistas acostumbrados al creacionismo: crear valor, crear moneda, crear mercados, crear productos. Pero, ¿cómo se crea energía?
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Energy Return on Energy Investement
Cuando se plantea que el petróleo será reemplazado por otro tipos de energía, se debe evaluar el EROEI (Energy Return on Energy Investement) o energía neta. Una de las razones por las cuales nuestra economía usa cada vez más cantidades de petróleo es precisamente porque el petróleo tiene comparativamente un alto EROEI. No hay otra fuente de energía que contenga tanta energía por unidad de volumen y de peso
Por el contrario, ciertas energías alternativas como células fotovoltaicas y la mayoría de los métodos industriales para producir biodiesel o bioetanol tienen un EROEI menor que uno o apenas superior. Esto significa que si consideramos todos los factores, la energía neta es muy pequeña o incluso debemos invertir más energía de la que obtenemos. El hidrógeno, promocionado como la solución mágica al problema energético, no es en realidad una fuente de energía sino un transportador de energía, como lo es la electricidad. El hidrógeno no se encuentra libre en la naturaleza. Actualmente, para producirlo se necesita utilizar una fuente de energía, como la nuclear, con lo cual su energía neta sigue siendo negativa. Las células de combustible son todavía una quimera. Algunas alternativas de energías renovables como la eólica o hidroeléctrica tienen un mejor EROEI, pero su expansión potencial todavía está limitada por factores físicos. A pesar de ciertas combinaciones, no es posible todavía obtener energía suficiente de fuentes renovables para satisfacer la demanda actual. La infraestructura para energías alternativas requiere de grandes inversiones y mucho tiempo, en la escala de décadas, para que su implementación se difunda. Hoy, por ejemplo, la energía solar genera menos del uno por ciento de la electricidad de EE. UU. La esperanza es que alcance el ¡dos por ciento en 2025!
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Nuestra civilización desaparece en el hervor
La historia de la civilización occidental desde la revolución industrial puede asemejarse a una olla de agua sobre una estufa encendida. A medida que más y más energía calienta el agua de la olla, comienza a echar vapor, luego comienza el hervor y finalmente el agua está en plena ebullición. Seguirá en ebullición hasta que toda el agua se evapore.
Esto es lo que les ha sucedido a todas las sociedades humanas, que han tenido que absorber cantidades cada vez mayores de energía inyectada; energía proveniente de varias fuentes, desde luego, pero principalmente del petróleo.
Todas las sociedades humanas están siendo desestabilizadas por la energía que les es inyectada. Dado que las sociedades se componen de seres humanos, podemos observar claramente como entre más “desarrollado” el país, mayor es la actividad física y mental de su población; la población no tiene alternativa a la actividad incesante. Nos guste o no, la energía en las sociedades en las que vivimos nos impulsa: el movimiento, tanto físico como mental, se vuelve imperativo para cada uno de nosotros, tal y como la molécula de agua no tiene la posibilidad de quedarse quieta en una olla de agua hirviente. Cada americano consume en 27 barriles de petróleo cada año. La cifra para Latinoamérica es de menos 7 barriles por habitante por año. China consume cerca de 2 barriles por habitante anualmente.
Esto desestabiliza a cualquier sociedad, porque la energía en aumento que está impulsando a los seres humanos a una vida cada vez más inquieta lanza a estos seres
humanos a chocar con las instituciones estables de una era pasada más tranquila. Tal vez mucho de los problemas del mundo actual tengan que ver con este estado de ebullición sustentado en el alto consumo energético.
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La superficie agrícola no es infinita
Los datos sobre la superficie agrícola mundial desmienten el argumento de los partidarios del etanol y el biodiesel en el sentido de que la producción de dichos elementos no afectará la producción de alimentos. Tal como lo demuestra un reciente estudio la utilización de la totalidad de la superficie agrícola de la Unión Europea apenas alcanzaría a cubrir el 30 por ciento de las necesidades actuales de combustibles. Producir apenas el 5.75 por ciento de los agro combustibles exigidos para combinar con las naftas en fecha próxima requerirá de los países europeos destinar a ese sólo fin el 20 por ciento de la superficie dedicada al cultivo de granos. Lo mismo cabe decir en relación a la economía de los Estados Unidos, puesto que para satisfacer la demanda actual de combustibles fósiles sería necesario destinar a la producción de biocombustibles el 121 por ciento de toda la superficie agrícola de ese país. Como indica otro estudio, a pesar de destinar una quinta parte de la cosecha de maíz norteamericana a la producción de etanol en el 2006, este esfuerzo apenas si sirvió para suministrar tan sólo el 3% de la demanda de combustible de los Estados Unidos. Si quisiéramos sustituir sólo el 5 % del consumo mundial de petróleo y gas, necesitaríamos sacrificar el 20 % de la superficie agrícola total de cultivos y pastos, pero si nos referimos sólo a la superficie de cultivos, este 5 % requeriría disponer del 64 % de la tierra cultivable disponible en el mundo.
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